En la siguiente página se encuentra un interesante artículo sobre un libro de F. Ayala criticando las teorias creacionistas del diseño inteligente.
Febrero 13, 2008
MITO Y REALIDAD
El hombre antiguo distingue entre “historias verdaderas” e “historias falsas”. Las dos categorías presentan historias, relatan una serie de historias que ocurrieron en un lugar pasado lejano y fabuloso. A pesar de que los personajes de los mitos son en general Dioses y seres sobrenaturales, y los de las leyendas y cuentos héroes o animales maravillosos, todos tienen en común que no pertenecen al mundo cotidiano. Y sin embargo, los indígenas se dieron cuenta de que se trataban de historias radicalmente diferentes. Pues todo lo que se relata en los mitos “les concierne directamente”, mientras que los cuentos y las fábulas se refieren a acontecimientos que no han modificado la condición humana. En efecto, los mitos relatan no sólo el origen del Mundo, de los animales, de las plantas y del hombre, sino todos los acontecimientos primordiales a consecuencia de los cuales el hombre ha llegado a ser lo que es hoy día, es decir, un ser mortal, sexuado, organizado en sociedad, obligado atrabajar para vivir, y que trabaja según ciertas reglas.(…..)
“Vivir” los mitos implica una experiencia verdaderamente “religiosa”, puesto que se distingue de la experiencia ordinaria de, de la vida cotidiana. Se asiste de nuevo a las obras creadoras de los Seres Sobrenaturales; se deja de existir en el mundo de todos los días y se penetra en un mundo transfigurado auroral. Las personas del mito se hacen presentes, uno se hace su contemporáneo. Esto implica que no se vive ya en el tiempo cronológico, sino en el Tiempo primordial, el Tiempo en el que el acontecimiento “tuvo lugar por primera vez”. Por esta razón se puede hablar de “tiempo fuerte” del mito: es el tiempo prodigioso, “sagrado”, en el que algo nuevo fuerte y significativo” se manifestó plenamente. Revivir aquel tiempo, asistir de nuevo al espectáculo de las obras divinas, reencontrar los seres sobrenaturales y volver a aprender su lección creadora es el deseo que puede leeerse en todas las reiteraciones rituales de los mitos. En suma, los mitos revelan que el mundo, el hombre y la vida tienen un orign y una historia sobrenatural, y que esta historia es significativa, preciosa y ejemplar.
Mircea ELIADE: “Mito y realidad” Labor; Barcelona, 1994
Enero 16, 2008
Una reflexión ética sobre nuestros actos
El texto de la dirección de internet plantea una pequeña reflexión en tono de humor sobre un típico incidente escolar.
SOBRE LA UTOPÍA
1.- Acerca del nombre.
El término utopía fue acuñado por el humanista inglés Tomás Moro en el s. XVI para describir la sociedad ideal contenida en un libro del mismo título. En un principio y durante la elaboración de la obra, Moro llamó a sus escritos NUSQUAM NOSTRA que significa “nuestra ninguna parte”. Sin embargo, esa “nusquama”, por arte del juego de palabras griegas, que tanto influyen en el lenguaje creado por Moro, pasará a llamarse UTOPÍA. Era la traducción griega de la palabra NUSQUAM, “ninguna parte”. Aparecía así un vocablo más sugestivo que pronto tendría cabida en todas las lenguas.
2. Necesidad de la Utopía.
Proponemos a continuación una serie de textos que tienen en común la necesidad de la utopía como la idea reguladora de la acción humana. Dos presupuestos acompañan a esta concepción:
a) El caracter terapeútico del conocimiento, capaz de diagnosticar el mal social y proponer las medidas necesarias para su erradicación.
b) La consideración del presente como un medio hacia el futuro, tomando como presupuesto una concordancia teleológica entre el orden antropológico y el ontológico.
Textos;
1. “Así pues, no acabarán los males para los hombres hasta que llegue la raza los puros y auténticos filósofos al poder o hasta que los jefes de las ciudades, por una especial gracia de la divinidad, no se pongan verdaderamente a filosofar.”
Platón. Carta VII.
2. “No puedo imaginarme la situación actual de la humanidad como una situación que pueda seguir, no me la puedo imaginar en absoluto como su último y total destino. En tal caso, todo sería sueño y engaño, y no valdría la pena haber vivido y haber colaborado en este juego siempre repetido que no lleva a ninguna parte y que carece de significación. Sólo en tanto que puedo considerar esta situación como medio para otra mejor, como punto de transición para otra más elevada y perfecta, representa un valor para mí; y si puedo soportarla no es por sí misma, sino por razón de algo mejor que ella prepara.”
Fichte. El destino del hombre.
